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Declaración de Estrasburgo sobre la psicoterapia

De conformidad con los objetivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el acuerdo de no discriminación válido en el marco de la Unión Europea (UE) y destinado al Espacio Económico Europeo (EEE), y el principio de libre circulación de personas y servicios, los abajo firmantes acuerdan los siguientes puntos:

  1. La psicoterapia es una disciplina científica independiente, cuya práctica representa una profesión independiente y libre.
  2. La formación en psicoterapia se realiza a un nivel avanzado, cualificado y científico.
  3. La multiplicidad de métodos psicoterapéuticos está asegurada y garantizada.
  4. Una formación psicoterapéutica completa abarca teoría, experiencia personal y práctica bajo supervisión. Se adquiere un conocimiento adecuado de diversos procesos psicoterapéuticos.
  5. El acceso a la formación se realiza a través de diversas titulaciones previas, en particular en ciencias humanas y sociales.

Estrasburgo, 21 de octubre de 1990

Tomando como punto de partida el marco europeo de la psicoterapia, me interesa aportar claridad al controvertido tema de la irregularidad/regularidad de la praxis psicoterapéutica en nuestro país.

En España el hecho de que aún no haya una normativa específica sobre el ejercicio profesional de la psicoterapia, como sí existe en general a nivel europeo y específicamente en varios países europeos, provoca situaciones muy negativas y confusas. Cito algunas: hostigamiento a profesionales ejerciendo la psicoterapia pese a estar acreditados académicamente, desinformación acerca de qué profesionales son idóneos, falsa exclusividad legal para la práctica psicoterapéutica a través del grado universitario de psicología, confusión a la hora de buscar un profesional cualificado, descalificación a profesionales e instituciones no sanitarias por ejercer la psicoterapia, rigidez y falta de interdisciplinariedad en equipos de trabajo, lucha de poder interesadamente sostenida por parte de unos perfiles profesionales sobre otros, etc.

Me voy a detener en uno de los elementos que constituye la discordia principal y al parecer donde se juega una dimensión de poder a la que es difícil renunciar, se trata de la instrumentalización de la psicoterapia que hace la psicología reduciendo a mera herramienta de su saber a toda una disciplina con bagaje, desarrollo y epistemología propia. Este apoderamiento asume que lo clínico es campo y competencia propia y exclusivamente de la psicología llamada clínica. Se trata de una asunción basada en pura usanza y nada en regulación legal y menos aún, en desarrollos teórico-prácticos. Si bien la práctica clínica es inaugurada, tal y como la conocemos en el contexto médico, ésta se ha independizado de dicho contexto, progresando, creciendo, incrementándose y perfeccionándose más allá de la medicina y por fuera de ella.

No hay una ley vigente en España que delimite la clínica a lo sanitario, ni una definición acotada a dicho contexto. Por el contrario, la clínica está ampliamente desarrollada desde otras disciplinas como por ejemplo la Sociología y su especialidad clínica cuyo dispositivo está fundamentado teóricamente y en su práctica, así como desde desarrollos epistemológicos[1]. Más conocido es el caso de la disciplina de Trabajo Social especialidad en clínica y no menos hostigado es su gremio profesional cuando ejerce la clínica psicoterapéutica, entre otras de sus competencias propias.

Semejante desinformación respecto a la clínica prepara el camino para dar por hecho lo que no es; equiparación entre psicoterapia y psicología, adjudicando a esta última el ejercicio de la terapéutica. Es muy importante arrojar luz sobre estas ideas tradicionales.

[1] Véanse los textos de Vincent Gaulejac, Neurosis de clase (1987). Las fuentes de la vergüenza (1996)

Es, por tanto, prioritario decir con la máxima claridad que la psicoterapia no es una rama de la psicología, si bien un graduado en psicología es una base de acceso para acreditarse como psicoterapeuta previa formación entre otras bases. La psicoterapia excede con creces ese lugar de instrumento accesorio donde se le quiere colocar. Muy por el contrario, la psicoterapia es un terreno de intervención, un campo de operatoria, un arbitraje y/o abordaje de una problemática cuyo despliegue teórico y práctico requiere de una formación altamente definida, específica y diferenciada respecto de toda otra disciplina. La especificidad de la psicoterapia en España es tal que como ninguna otra disciplina se estudia sobre la base de una formación universitaria previa. Esto ocurre de la misma forma en toda Europa con la diferencia de que en países como Finlandia o Austria, la psicoterapia está regulada profesionalmente y sus practicantes protegidos, legitimados y correctamente vinculados a los servicios de atención psicoterapéutica de la población.

El perfil profesional del psicoterapeuta incluye una base de diverso origen que encaja posteriormente con los estudios concretos que constituyen la materia de la psicoterapia. Dicho recorrido de la formación en psicoterapia da como resultado que un psicoterapeuta sea a su vez un terapeuta con una fundamentación en las ciencias humanas, sociales, sanitarias, educativas-pedagógicas y/o antropológicas, etc. y un experto formado en el saber psicoterapéutico.

¿Dónde se juega el poder en todo este deseo de apoderarse de la psicoterapia? El interés proviene de lo corporativo. Los colegios profesionales de psicología y medicina defienden, reclaman y directamente se otorgan el poder de atribuirse en exclusiva la psicoterapia reduciéndola a instrumento propio. Esto es una arbitrariedad desde el punto de vista legal, ya que en este país no hay amparo normativo para dicha atribución dado que si bien tienen reconocido el ejercicio de la psicoterapia quienes porten un título de clínico de la psicología o la psiquiatría, tal reconocimiento no excluye a otros profesionales como son los titulados/formados en psicoterapia. La norma no dice: la psicoterapia puede ser ejercida exclusivamente por clínicos de la psicología/psiquiatría y mucho menos dice que no deba ser ejercida por psicoterapeutas, dicho sea de paso, ¡sería paradojal en extremo que fueran los psicoterapeutas excluidos del ejercicio de la psicoterapia!

El binomio psicólogo-psiquiatra/psicoterapeuta es una insistencia interesada y no una cuestión fundada en la legalidad vigente, como tampoco lo es el mensaje malintencionado y divulgado incesantemente de que la psicoterapia ejercida por psicoterapeutas es motivo de sanción.

Continúo, por un lado, estarían los profesionales de la dupla tradicionalmente aceptada, y por otro, los “intrusos” que pese a ser profesionales psi. no son legitimados por parte del gremio tradicionalmente dominante y mucho más grave aún; dicha deslegitimación sugiere descaradamente que el desempeño de la psicoterapia es ilegal. Una agresión sin medida ni justificación. Semejante falacia alimenta un discurso falso e injuriante que mantiene sobre el profesional psicoterapeuta una sombra acerca de su capacidad e idoneidad. Uno de los resultados más penosos de esta descalificación es el enfrentamiento entre profesionales que, pudiendo trabajar en equipo en lugar de eso empobrecen el servicio a la población, disminuyen los recursos de intervención y siembran la duda sobre la competencia de los psicoterapeutas.

Quienes trabajamos con el delicado manejo del sufrimiento humano deberíamos saber que, así como no existe un sujeto que se constituya por sí solo, tampoco ninguna disciplina es nada por sí sola. Cada saber es en relación con los demás saberes, lo que implica el reconocimiento de la diferencia que aporta la psicoterapia, diferencia que en ningún caso debería ser reducida a instrumento de otra disciplina.

El campo del alma humana y de su compleja condición exige reconocer todos los desarrollos de la psicoterapia desde la especificidad de su contenido que no coincide con ningún otro. Cito de los documentos de la EAP, la definición de la profesión de la psicoterapia:

Apéndice 1 de las Actas de la Junta Directiva, Siracusa, 17 y 18 de octubre de 2003

  1. La práctica de la psicoterapia es el tratamiento integral, consciente y planificado de trastornos psicosociales, psicosomáticos y conductuales, o estados de sufrimiento, mediante métodos psicoterapéuticos científicos, mediante la interacción entre una o más personas en tratamiento y uno o más psicoterapeutas, con el objetivo de aliviar las actitudes perturbadoras hacia el cambio y promover la maduración, el desarrollo y la salud de la persona tratada. Requiere formación general y específica.
  2. El ejercicio independiente de la psicoterapia consiste en el ejercicio autónomo y responsable de las capacidades descritas en el apartado 1; independientemente de que la actividad se realice en libre práctica o en trabajo institucional.

Mientras se mantenga a la psicoterapia en España en este limbo legal únicamente se fomentará confusión en las personas que buscan una persona profesional que les ayude a salir de un momento de crisis vital. De la regulación depende que se cumplan los criterios éticos que exige la EAP. Tales principios deben desplegarse en las áreas de; competencia, normas morales y legales, confidencialidad, bienestar de consumidor, relaciones profesionales, declaraciones públicas, técnicas de evaluación e investigación.[1]

La regulación a nivel estatal aún está pendiente, pero esta falta no ha impedido que se mantengan criterios rigurosos y definidos para acreditarse como psicoterapeuta en España. Afortunadamente importantes entidades federativas se han encargado de garantizar que el acceso a la acreditación sea posible si y solo si se cumplan los criterios de rigor teórico; horas de formación establecidas en escuelas acreditadas a su vez, práctica supervisada, revisión personal obligatoria y reacreditación destinada a mantener al psicoterapeuta comprometido con la formación y supervisión permanentes, así como con la reflexión acerca de los conflictos internos y relacionales propios.

En definitiva, el esfuerzo para reconocer a nuestra disciplina y sacarla de cualquier grado de ambigüedad, bien merece la pena. Lo que está en juego es demasiado importante; garantizar el acceso a un proceso psicoterapéutico de calidad, regulado y riguroso. Esto debe mover a todos los profesionales vinculados con el campo del sufrimiento humano, únicamente trabajando juntos bajo la ética del reconocimiento toda la sociedad se verá favorecida.